Editorial Dominio Público BC
En recorridos realizados por la ciudad de Tijuana y a través de observaciones en redes sociales, el equipo editorial de este medio ha identificado una situación profundamente preocupante.
Tijuana, reconocida en los últimos años como una ciudad marcada por el aumento significativo de la inseguridad y el incremento de ataques contra policías municipales, enfrenta una problemática grave: muchos agentes en servicio no portan los chalecos balísticos diseñados para proteger su seguridad.
Así es, una proporción considerable de efectivos opta por no utilizar los chalecos balísticos proporcionados por el ayuntamiento.
Con el objetivo de entender los motivos detrás de esta situación, hemos investigado las razones que llevan a los policías a ignorar esta herramienta vital.
Cabe recordar que el panorama no ha cambiado desde hace dos años, cuando un mando policial fue herido de bala en la Zona Centro por un hombre adulto mayor armado.
El sexagenario, señalado como responsable del ataque, disparó sin vacilar al percatarse de que el agente se acercaba sin seguir los protocolos establecidos.
Este jefe policial, además, no llevaba puesto su chaleco balístico, a pesar de que la central de radio había emitido alertas sobre el nivel de peligro del sospechoso.
En cuanto a los agentes de tropa, las razones detrás de la resistencia a usar el chaleco antibalas son las mismas mencionadas en nuestra nota publicada en enero de 2022.
Entre las principales causas destacan las siguientes:
1. La incomodidad que supone llevar el chaleco durante su jornada laboral.
2. Tallas poco adecuadas, lo que afecta especialmente a las agentes mujeres.
3. Chalecos pesados y con materiales de baja calidad.
4. Problemas de salud que dificultan su uso prolongado.
Lo más preocupante es que algunos policías parecen tener la certeza de cuándo podrían ser víctimas de un ataque y, aun así, deciden no utilizar este equipo de protección indispensable.
En muchos casos, los chalecos permanecen almacenados en las cajuelas de las patrullas, como si en una emergencia tuvieran tiempo suficiente para detenerse, abrir la cajuela, sacar el chaleco y ponérselo rápidamente, simulando escenas propias de largometrajes.
Existen numerosas imágenes que respaldan esta realidad, aunque saturarlas aquí no aportaría valor añadido.
Entre los factores que podrían explicar esta negligencia se encuentran la falta de supervisión adecuada, la apatía, el agotamiento físico o mental, e incluso la sorprendente confianza del agente en que podrá prever cuándo estará fuera de peligro.
Resulta oportuno realizar un análisis más profundo sobre las regiones del cuerpo donde los policías han sido lesionados por impactos de armas de fuego o armas blancas, con el fin de determinar si el uso del chaleco podría haber prevenido tales heridas.
Minimizar tragedias y reducir las bajas contribuiría significativamente al fortalecimiento operativo de la policía en Tijuana.

