
Lo primero: El comunicado de Morena, emitido el 19 de mayo de 2025, intenta contrarrestar esta narrativa al calificar las acusaciones como una campaña de desinformación orquestada por la oposición, particularmente el PAN.
Sin embargo, la respuesta oficial no ha logrado apagar el descontento.
Lo segundo: Utilizar a un medio de comunicación para tratar de desprestigiar a otro es lo más bajo y ruin. En el círculo rojo se habla de “billetazos”, algo muy diferente a un contrato de difusión, el cual no te da la obligación de hablar bien en todo momento del gobierno; estamos también para señalar sus errores. Sin embargo, estos son los nuevos comunicadores…
Lo tercero: Hacer circular una supuesta encuesta, que desde el mes de abril se publicó y que ya perdió vigencia, ya que estas son la fotografía del momento, es lo más desesperado que un gobierno puede mostrar hacia afuera a los ciudadanos, ya que esto es tomado como una respuesta a lo que está ocurriendo.
Políticamente, la carne asada masiva envía un mensaje claro: la ciudadanía no está dispuesta a aceptar explicaciones evasivas.
El comunicado de Morena, que califica la protesta como alimentada por «calumnias y falsedades», subestima la capacidad de los ciudadanos para organizarse y demandar transparencia.
Este evento pone de manifiesto varias dinámicas políticas en Baja California.
Primero, la polarización entre Morena y la oposición, liderada por el PAN, se intensifica.
Mientras Morena defiende la legitimidad de Ávila Olmeda, destacando su «votación histórica» (la cual fue un regalo de la población a López Obrador por el fin de su sexenio) y su trabajo en seguridad (el cual es nulo, ya que se comprobó que hay cifras maquilladas), la oposición aprovecha el escándalo para cuestionar la gobernabilidad del estado.
Segundo, la carne asada como protesta resalta el poder de la movilización ciudadana en un estado fronterizo donde la relación con Estados Unidos es un factor clave.
La revocación de la visa de Carlos Torres y la falta de claridad sobre las investigaciones en ambos lados de la frontera han generado un sentimiento de vulnerabilidad entre los bajacalifornianos, quienes ven en este caso una posible colusión entre el poder político y actividades ilícitas.
Tercero, el evento pone en evidencia la fragilidad de la narrativa de la Cuarta Transformación en Baja California. Morena ha hecho de la lucha contra la corrupción uno de sus estandartes, pero escándalos como este, que involucran al entorno cercano de una gobernadora morenista, debilitan esa promesa.
La percepción pública, reflejada en la protesta y en las redes sociales, sugiere que la ciudadanía exige hechos concretos, no solo discursos de respaldo. Ahora sí sería bueno aplicar una encuesta cara a cara.
Políticamente, lo que desata una buena carnita asada en Baja California es un recordatorio de que el poder no reside solo en las urnas o los comunicados oficiales, sino en la capacidad de la gente para reunirse, organizarse y exigir respuestas.
Mientras el humo de las parrillas se disipa, la presión sobre el gobierno estatal permanece, y el futuro político de la región sigue en juego.

