Cómo pasamos de castigar el delito a prevenir la violencia

Por Jesús Alfredo Pérez

Cada vez que se anuncia un nuevo operativo, una detención relevante o el refuerzo de patrullajes, la conversación pública reduce la seguridad a un solo verbo: reaccionar. Pero detrás de cualquier estrategia frente al delito hay más de dos siglos de pensamiento científico que han transformado la forma en que entendemos el fenómeno criminal, a quienes lo protagonizan y, sobre todo, la forma en que una sociedad puede anticiparse a él. Ese recorrido tiene nombre: política criminológica, y conocerlo ayuda a entender hacia dónde puede seguir evolucionando la seguridad en México.

A finales del siglo XVIII, pensadores como Cesare Beccaria y Jeremy Bentham propusieron algo revolucionario para su época: que el castigo debía ser proporcional al daño causado, que la ley debía aplicarse por igual a todos y que la crueldad no hacía más segura a una sociedad. Un siglo después, Cesare Lombroso y Enrico Ferri desplazaron la mirada del acto hacia la persona, buscando explicaciones científicas de la conducta delictiva. Ambos momentos sentaron una idea que sigue vigente: el delito puede y debe estudiarse con método.

El siglo XX profundizó ese giro. La criminología dejó de mirar únicamente al individuo y comenzó a observar el entorno: los barrios, las oportunidades, las desigualdades y el papel del Estado en la definición del delito. De ahí nacieron enfoques que hoy parecen sentido común, como la prevención situacional —modificar espacios y rutinas para reducir oportunidades delictivas— o la atención centrada en la víctima, cada vez más presente en el diseño de la política criminal.

En México, ese cambio de paradigma se aceleró con la reforma constitucional de 2008 y la creación del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que colocaron a la prevención social como un eje formal de la política de seguridad, al mismo nivel que la procuración de justicia o la reacción policial. La pregunta dejó de ser únicamente “¿cómo perseguimos el delito?” para incorporar una igualmente relevante: “¿cómo lo anticipamos?”.

Dimensionar el reto ayuda a enfocar mejor las soluciones. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2025, del INEGI, poco más del 93 por ciento de los delitos cometidos en México durante 2024 no llegaron a denunciarse o investigarse formalmente. Ese dato no debe leerse como un diagnóstico de fracaso, sino como evidencia que respalda seguir invirtiendo en modelos de prevención basados en información, en cercanía ciudadana y en la construcción de confianza entre sociedad y autoridades.

México enfrenta, además, fenómenos que la criminología identificó desde hace tiempo como prioritarios: la desaparición de personas, la violencia contra las mujeres y la necesidad de sostener estrategias de prevención más allá de un periodo de gobierno. Atenderlos con eficacia requiere política pública de largo aliento, coordinación entre órdenes de gobierno y, sobre todo, continuidad: ninguno se resuelve solo con el endurecimiento de las penas, sino con prevención sostenida en el tiempo.

La lección histórica es clara y aplicable hoy: las sociedades más seguras no son necesariamente las que castigan con más dureza, sino las que logran anticiparse, comprender las causas de la violencia y tomar decisiones basadas en evidencia. Avanzar en esa dirección es una tarea compartida: autoridades, academia, sector privado, medios de comunicación y ciudadanía tienen un papel que jugar, y cada avance en esa colaboración suma.

Reconocer este avance conceptual no es dar por cerrado el tema de la seguridad; es reconocer que existe una base científica sólida —construida durante más de dos siglos— sobre la cual seguir edificando soluciones. La política criminológica dejó de ser solo teoría de aula: hoy es una herramienta cada vez más útil para diseñar, con precisión y sentido de futuro, la seguridad que México quiere construir.

* Jesús Alfredo Pérez Hernández es fundador de la Sociedad de Ciencias Forenses en Baja California, preventólogo y especialista en temas de seguridad, prevención y tópicos forenses. Autor de los segmentos Memorias de un Criminalista, Bitácora y Apuntes de un Forense, y Disección Urbana —este último auspiciado por el Instituto Regional de Investigaciones sobre Prevención y Participación Ciudadana—.

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