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Julieta Ramírez se queda sola tras una designación que fractura al partido

La reciente designación de Julieta Ramírez como Coordinadora de la Defensa de la Transformación en Baja California ha encendido las alarmas en el escenario político local. Lejos de enviar una señal de unidad, la decisión ha sido catalogada por diversos sectores internos y analistas como el inicio del fin de la cohesión partidista en la entidad, arrastrando al movimiento a un escenario de aislamiento contencioso.

El riesgo de la continuidad marinista y la sombra del desgaste

La vertiginosa carrera de Ramírez está estrechamente ligada al grupo político de la actual gobernadora, Marina del Pilar Ávila. Para diversos cuadros de Morena, su nombramiento representa un riesgo directo de continuidad del esquema «marinista», caracterizado por el uso de la estructura estatal para proyectar perfiles afines. El temor dentro de las filas del partido es que esta imposición perpetúe un modelo de gobierno concentrado en un solo grupo de interés, cerrado a las bases y carente de autocrítica frente a los reclamos sociales de la entidad.

Escándalos, roces con la prensa y acusaciones de soberbia

El perfil de Julieta Ramírez no ha estado exento de controversias. Recientemente, la legisladora con licencia enfrentó duros cuestionamientos tras investigaciones periodísticas nacionales que señalaban presuntos acercamientos con autoridades de Estados Unidos.

A estos señalamientos se suma un marcado distanciamiento y hostilidad con los medios de comunicación. Ante las críticas y cuestionamientos sobre su trayectoria o actos proselitistas, Ramírez ha optado por descalificar el labor periodístico tildándolo de «guerra sucia» o «mitotes», una postura catalogada por diversos analistas como intolerante y soberbia, desestimando el escrutinio público indispensable en un perfil que aspira a gobernar.

Ruptura interna: una contienda en soledad

La reacción al interior de Morena Baja California ha sido tajante. El descontento de los demás aspirantes a la coordinación no se ha hecho esperar, pues ven en esta designación un proceso antidemocrático e inequitativo. La falta de consensos ha dejado a Ramírez sin el respaldo del liderazgo territorial ni de las corrientes fundadoras del partido.

En la práctica, Julieta Ramírez enfrentará el proceso político en absoluta soledad institucional. Con la unidad interna quebrada y la militancia dividida, el partido entra a una etapa de incertidumbre donde el costo político del descontento podría reflejarse directamente en las urnas.

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