
Bajo la narrativa burocrática de la «Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional», la Dirigencia Nacional de Morena presentó la primera tanda de perfiles que encabezarán el proyecto partidista en Aguascalientes, Campeche, Colima, Querétaro y Sinaloa. Sin embargo, detrás del discurso de certitud y legitimidad pregonado por la presidenta del CEN, Ariadna Montiel Reyes, el propio Comunicado Oficial 098/2026 deja al descubierto una grieta metodológica que erosiona el discurso democrático de la autodenominada Cuarta Transformación: el uso de encuestas telefónicas para cribar a los aspirantes.
El documento es explícito: en aquellos estados donde la contienda interna registra a más de seis participantes, el filtro primario para «determinar a los más conocidos» no se realiza en el terreno, sino mediante un «ejercicio telefónico». Solo después de esta purga virtual, señala el CEN, se procede a la encuesta metodológica formal.
El sesgo de la llamada: excluir al territorio
Designar abanderados a través de llamadas telefónicas no solo es una ligereza técnica, sino una abierta contradicción con la esencia de un movimiento que presume basar su fuerza en el «casa por casa» y la cercanía popular.
-
Sesgo de representatividad: Las encuestas telefónicas sufren de severas distorsiones muestrales. Excluyen de golpe a amplios sectores demográficos, como zonas rurales, comunidades indígenas o poblaciones de bajos ingresos donde la penetración de telefonía fija o la disposición a responder llamadas desconocidas en celular es mínima o nula.
-
El factor del rechazo: En el contexto actual de spam masivo y extorsiones, la tasa de no respuesta telefónica es sumamente alta. Quienes sí responden no constituyen una muestra representativa de la ciudadanía, sino un sesgo estadístico impagable.
-
Opacidad y discrecionalidad: Mantener en reserva los datos duros y los detalles técnicos de estas mediciones previas —como reconoció la propia cúpula partidista— convierte el filtro en un cheque en blanco. La encuesta telefónica funciona en la práctica como un «dedazo automatizado» que permite eliminar aspirantes estorbosos bajo el argumento inexpugnable de un número sin rostro.
Un ejercicio que exige territorio, no conmutadores
Definir la titularidad de una jefatura política o una futura gubernatura mediante una llamada aleatoria es desestimar la gravedad del proceso electoral. Un ejercicio demoscópico serio, transparente y verdaderamente democrático exige metodología cara a cara en vivienda, con muestras geográficas bien estructuradas.
Si la dirigencia asegura que el proceso es «transparente, horizontal y democrático», resulta inaceptable utilizar atajos tecnológicos que predeterminan los resultados antes de tocar la puerta del ciudadano. Privilegiar el conmutador sobre el territorio no solo abona a la sospecha de dados cargados; degrada la participación ciudadana a un simple trámite de conmutador.
Radiografía Política En una columna escrita por periodistas especializados en investigación sin ataduras ni favores. Aquí no hay líneas editoriales compradas ni autocensura disfrazada de “equilibrio”.
Somos un espacio de independencia absoluta donde la voz de la ciudadanía —sus denuncias, sus dudas, sus evidencias— tiene prioridad. Cada semana ponemos bajo la lupa a servidores públicos, políticos, candidatos y personajes de poder que influyen en nuestras vidas. No contamos chismes: hacemos radiografías con hechos, documentos, datos duros y contexto verificable.
El objetivo es simple y claro: que la gente sepa exactamente con quién está tratando, quién promete y quién incumple, quién llega con dinero sucio o con deudas pendientes. Para que, al final, cada quien sepa dónde está parado y pueda decidir con información real, no con propaganda ni cortinas de humo.
Porque en política la opacidad es el verdadero negocio. Nosotros la rompemos.
Esta columna no refleja la opinión de Dominio Público, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor


